Siempre he oído que para un/a niño/a no hay nada cómo jugar con una caja. De niña, recuerdo que mi juego favorito era voltear un piso de madera verde, estilo bauhaus, que tenía mi abuela en el patio de su casa. Sobre él jugaba a estar sobre un caballo recorriendo valles y montañas, o incluso se transformaba en avión para ver todo desde las alturas. Sin embargo, a veces se nos va olvidando esa capacidad de transformar las cosas en lo que deseamos, aunque sea un rato, volver a la niñez y jugar, simplemente jugar.
Estaba cosiendo unos cintillos, cuando dejé detrás mío una caja vacía. Manu veía monitos de 31 minutos "del Tulio que habla", y aunque le gusta muchísimo verlos, bajó del sillón, hizo de la caja un barco y con todos sus peluches adentro se iba a ir por el Río a navegar. Luego se nos ocurrió que podría transformarse es una cajita de títeres, y ya ven el resultado. Un nuevo juego, pero lógicamente cada títere canta canciones de 31 minutos.
Cómo ha llovido bastante, y hay asomos de resfrío, hemos tenido que inventar ideas para divertirnos en casa. En un blog que reviso cada vez que quiero hacer un juego para Manu, encontré una idea buenísima. Un juego de tarjetas y sonidos.
Con una buena base de datos con sonidos e imágenes pueden inventarse tarjetas de lo que se les ocurra. Un buen juego para desarrollar el oído.


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